Por: Guadalupe Yocupicio / Diciembre del 2008
Darle la vuelta a la hoja no vale la pena, sobretodo si aún no se cierra el capítulo, pues tal parece que ni los cien días, ni el Acuerdo Nacional por la Seguridad, la justicia y la legalidad, no han podido acabar contra el crimen organizado, sino al contrario es el propio gobierno el que ha resultado desarticulado.
Hoy la situación es crítica y contradictoria, especialmente en quienes supuestamente velan por la seguridad de todos y cada uno de los mexicanos, pero sin duda alguna la peor decepción se la llevo el presidente Felipe Calderón, quién al alzar la bandera contra el crimen organizado, se dió cuenta que a quien estuvo al frente del cargo por veinte meses le llegaron al precio.
La detención y arraigo de Noé Ramírez Mandujano, ex titular de la SIEDO, es el golpe más duro al gobierno de Calderón desde que inició su sexenio, pero ese no fue el único que cayó en las redes de los “todopoderosos”, también se encontraba el ex director de Interpol México, es decir una buena parte de la estructura que debía perseguir al principal enemigo del Estado Mexicano.
Si recordamos algunos hechos, nos daremos cuenta no sólo de eso, sino que todo indica que las pistas que condujeron a la Operación Limpieza vinieron de Washington, gracias al grupo de inteligencia estadounidense por un testigo protegido.
Y como es de esperarse detrás de la tormenta llega la calma, pero ¿quién podrá asegurarnos a los ciudadanos que los próximos funcionarios serán inmunes al precio que paga el narco o al plomo de las balas?.
A pesar de las declaraciones del procurador de justicia en México “las dependencias del gabinete de seguridad estamos unidas, tenemos comunión de miras y un sólo y sólido frente contra los enemigos de México”, las palabras se las lleva el viento, y eso es lo que ha pasado.
El momento que vive Calderón —aunado al fallecimiento de su amigo y principal colaborador— debieron hacer de noviembre el mes espantoso y de trascendencia histórica para México.
La pregunta es si el Presidente está dispuesto, después de todo, a repensar sus estrategias, y abandonar la duda al encontrase hoy con un gabinete dividido, sin responsabilidades y deberes claros; o si a partir del estado de emergencia que se vive dará un manotazo sobre la mesa, limpiará y esperará a que llegue otro que lo manche más o repita sus objetivos.
Esta no es una película de buenos y malos, sino el retrato de México a donde la delincuencia organizada se le ha logrado inmiscuir desde sus raíces hasta los altos mandos y ha metido en crisis al Estado nacional, mientras las autoridades continúan con una supuesta “guerra” que a la fecha no ha sido ganada y esta muy lejos de llegar a lograr.
Frente a una crisis de incapacidad estructural del gobierno, la sociedad debe defender las libertades y no dejarse arrastrar por unas autoridades incapaces de reformar el Estado que ellas dirigen pero empeñadas en inculcar una reacción bélica, cobertura de dictaduras sin freno.
Hoy los mexicanos no están para soportar las irregularidades del gobierno, el cual ha hecho oídos sordos a exigencias como la del padre del jovencito que perdió la vida en manos de sus secuestradores Fernando Martí de “si no pueden, renuncien”, y últimamente la del caso Vargas que casi los derriba con el “no tiene madre”, como miles de problemas iguales (asalto,robo,asesinatos), ya ni hablemos de la aniquilación de nuestros colegas los periodistas, asunto que parece ser el menos importante dentro de su mandato.
Una recomendación es no esperar a que los datos duros nos aplasten como los que hemos visto en los últimos 3 meses de que los 32 estados de la república han caído en manos del crimen y el narcotráfico, como en el caso de Chihuahua y que recolecta impuestos para dar protección de sus propios criminales que ha llevado a vivir momentos de intranquilidad y violencia que han superado cualquier expectativa.
“Más reactivos y menos preactivos” fueron las palabras del gobernador de Chihuahua al mencionar que si de alguien es la incapacidad no ha sido solo de él, sino de los tres niveles de gobierno en torno al Plan Operativo Chihuahua, caso que por cierto no es exclusivo de dicho estado sino de todo México.
Será el efecto cucaracha o como le quieran llamar, pero si bien es cierto es que Sonora no se queda atrás pues sus ciudadanos, cuerpos policiacos y hasta el gobierno empezó a sentir y vive este problema que se ha generalizado y que amenaza la integridad y seguridad de los sonorenses por la falta de capacidad y de inteligencia para dar más tiros de precisión más aún cuando se dispara con escopeta, algo de lo que se puede entender el mal momento por el que atraviesa esta “guerra”, en la que los buenos andan descoordinados e infiltrados, y el crimen muy organizado.
martes, 9 de diciembre de 2008
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